Homes · T4 · E03 · 21/09/2026 — 11:00
Cuando los papeles se invierten
Tercer episodio de la temporada 4, emitido en directo el Día Mundial del Alzheimer. Sin invitado: somos David y Jordi hablando de qué pasa cuando el hombre es quien cuida — el padre al médico, la medicación de la madre, los turnos de noche — y de la tía Paqui, a quien va dedicado el programa.

Vídeo del episodio
La conversación, cara a cara.
Grabado en el estudio 1 de Ràdio Arenys. Si prefieres solo escuchar, tienes el audio completo debajo.
Cuidar sin que nadie te aplauda
Lo que no cabe en 50 minutos.
Hace dos semanas hablábamos con Arturo de un hombre que había pasado la vida cuidando a los demás y que tuvo que aprender a dejarse cuidar. Hoy le doy la vuelta y miro el otro lado: qué pasa cuando quien cuida soy yo. No como profesional, sino como el hijo que un día se da cuenta de que los papeles han empezado a invertirse.
Perdí a mi madre a los diecisiete años, en febrero del 87. Ella tenía tres hermanos: Paquita, Pedro y Fernando. Paquita —Paqui— tomó el relevo sin que nadie lo decidiera formalmente. Siempre he dicho que tuve la suerte de tener dos madres: la biológica, que me dio unos valores que en aquel momento me fastidiaban y que ahora agradezco, y Paqui, que nunca quiso ocupar el lugar de mi madre pero que, con los años, acabó siéndolo igualmente. Decía que nunca había tenido hijos biológicos, pero que la vida se los había dado: yo fui uno.
La recuerdo cosiendo a máquina hasta bien entrada la noche, levantándose a las tres de la madrugada para ir a limpiar despachos, y después, ya mayor, levantándose igual de temprano para recoger los diarios y hacer la compra sin necesitar nunca un reloj. Una mujer que no paraba.
Entonces llegó la pandemia. Tenía una policitemia vera —una especie de leucemia de los glóbulos rojos— controlada con un tratamiento suave, y por eso era «grupo de riesgo»: no salgas, quédate en casa, ya te lo llevamos nosotros. Y sin darnos cuenta, le fuimos desconectando, poco a poco, todo lo que le daba vida. De una mujer que hacía cuarenta mil pasos al día pasó a hacer sofá-tele-cama. Y la demencia, que ya estaba de forma suave, entró con mucha más fuerza.
El reparto de cuidados con mi hermano —nueve años y medio mayor que yo— no lo pactamos nunca en una mesa. Salió solo: él, que vivía en Barcelona, se quedó la parte que podríamos llamar funcional —médicos, medicación, la ducha cuando ya hacía falta más ayuda. Yo, que vivía en Mataró, aprovechaba el tren gratuito para bajar y me quedé con la otra parte, la de estar. Comer con ella, sentarme a su lado mientras yo trabajaba porque decía que no quería «molestar» y se sentaba igualmente, oírla repetir la misma anécdota tres veces en una tarde y reírme con ella, porque ella también se reía de sí misma.
Según el informe de Funcas de septiembre de 2026, basado en la encuesta EDAD 2020 del INE, el 30,8% de los cuidadores principales en España ya somos hombres —éramos el 18,4% en 2008— y los hijos varones ya llegamos al 17%. El resto siguen siendo mayoría mujeres, y eso no quiero maquillarlo. Pero la cifra sube, y sospecho que sube porque cada vez son más los hombres que, como yo, hacen turnos de noche, llevan al padre al médico o cogen el teléfono a las tres de la madrugada sin decirlo a nadie.
Mi manera de cuidar era otra: la de estar. Sentarme a su lado, acompañarla, ir a comprar si hacía falta o acompañarla al médico. El cuerpo de aquella mujer que fue «mi tía» también dependió de manos ajenas: era mi hermano quien la duchaba cuando ya no podía ducharse sola —yo pocas veces lo hice. Él hacía más de cuidador con tarea. Y quiero que conste una cosa: no es que una forma sea mejor que la otra. Las dos son igualmente importantes y necesarias.
Y después está lo que no se ve: el cansancio que no tiene fecha de caducidad, la culpa de pensar «no puedo más» y, un segundo después, «cómo me atrevo a pensar eso, es mi familia», y la rabia, que es la emoción que a nosotros los hombres nos dejan sentir antes que la tristeza.
Recuerdo una noche en que mi pareja de entonces decidió romper conmigo por correo electrónico, mientras yo estaba en Andorra. No dormí. La pasé entera en el sofá, llorando, y Paqui se quedó toda la noche a mi lado sin saber muy bien qué decirme, solo estando. Años después, ya en el hospital, me dijo «mira, aquí está mamá», y entendí que le quedaba muy poco. Aquellos momentos de certeza que tanto tememos vivir y que, cuando llegan, pasan con una naturalidad que da miedo.
No hubo un día en que decidiera cuidarla. Fue una continuidad: mi madre y Paqui cuidaban igual, con la misma ternura, y cuando perdí a una sentí que una parte de aquella forma de hacer seguía viva en la otra.
Si estáis en este camino, una cosa práctica: existe la Ley de dependencia, que reconoce el derecho a recibir ayuda cuando alguien ya no puede valerse por sí mismo. Tiene tres grados y, en Cataluña, se puede solicitar en cualquier momento —por internet o presencialmente, en el ayuntamiento o en las oficinas de Asuntos Sociales y Familias—, y si el estado de la persona empeora se puede pedir revisar el grado. Los tiempos de la administración no son los tiempos de la enfermedad, y vale la pena saberlo antes de necesitarlo.
No pude arreglarlo todo. Pero estuve. Y creo que eso es, al final, lo que pide cuidar: no arreglarlo todo, sino estar.
Si te resonó, tres cosas para llevarte esta semana:
- Recuerda el momento en que entendiste que cuidar a tus padres ya no era una opción, sino una responsabilidad. ¿Qué sentiste?
- Piensa en aquella pequeña cosa que haces para cuidar a alguien que quieres y que nunca habrías pensado que sabrías hacer.
- Si hay algo que querrías decir hoy a un padre o a una madre, mientras aún te puede escuchar: dilo.
Y si quieres contarme, ya sabes: escríbeme, o llama cuando volvamos en directo al 93 795 79 12.
Música del programa
Si quieres seguirnos estamos en directo en Ràdio Arenys de Mar todos los lunes de 11:00 a 12:00 en el dial 91.2 de la FM y si nos quieres seguir desde fuera del Maresme, también a través de la web de la emisora https://www.radioarenys.cat/
Lee el guion del programa
La escaleta completa del programa —sintonía, canciones, guion literal y cierre— tal como la llevamos al estudio. Documento en catalán, 11 páginas.
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