Hay momentos en los que el estrés no nos deja descansar. No necesariamente porque tengamos demasiadas cosas que hacer, sino porque la cabeza parece incapaz de dejar de estar pendiente de todo.
Una preocupación se convierte en una urgencia. Un problema ocupa todo nuestro espacio mental. Y aunque racionalmente sepamos que las cosas pueden esperar, nuestro cuerpo parece no entenderlo.
Hace tiempo que utilizo el reishi (Ganoderma lucidum), tanto conmigo mismo como en mi práctica terapéutica, especialmente en momentos de estrés y ansiedad. Yo siempre digo que en casa puede faltar pan, pero lo que nunca falta es el reishi.
Una de las cosas que más me llama la atención es que, en algunas personas, parece aparecer algo que me cuesta describir con una palabra más precisa que distancia emocional. El reishi evita el secuestro emocional que a veces sufrimos ante momentos intensos, muy estresantes o hechos que nos sobrepasan. Una amiga mía dice que, cuando toma reishi, «no se puede enfadar».
Puesto en palabras sencillas: hay dos personas en una habitación que se ha prendido fuego. Una, la que no toma reishi, corre por toda la habitación gritando, aterrada, pensando que van a morir. La otra, la que lo toma, se queda parada mirando el fuego y dice: «Vale, hay un fuego, es urgente resolverlo. ¿Qué puedo hacer?».
Es decir, baja el volumen de la intensidad emocional. Evita lo que se llama secuestro de la amígdala: la respuesta inmediata de la amígdala que toma el control antes de que el córtex prefrontal pueda pensar, y que nos hace reaccionar con miedo o rabia antes de razonar. Con menos volumen, podemos tomar nuestras decisiones desde un lugar más tranquilo.
No es indiferencia. No es dejar de sentir. Tampoco es esa sensación de tener la cabeza embotada o de estar desconectado de lo que sucede.
Es más bien como si pudiéramos dar un paso atrás. El problema sigue ahí, pero ya no parece ocuparlo todo. Podemos verlo, relacionarnos con él y, quizá, responder de una manera diferente.
¿Hay alguna explicación científica para esto?
La investigación sobre el reishi ofrece algunas pistas. También deja claro que todavía hay preguntas sin resolver. Y creo que ambas cosas merecen estar presentes cuando hablamos de sus posibles efectos.
El ling zhi: el hongo de los 10.000 años
En la medicina china, el reishi se conoce como ling zhi (靈芝), que se puede traducir como «hierba de espíritu» o «hongo de la inmortalidad». En japonés es reishi (霊芝): rei (霊) significa espíritu y shi (芝) es la parte que designa el hongo, así que vendría a ser «el hongo del espíritu». Es la misma palabra tomada del chino: los caracteres tradicionales son 靈芝, que en chino se leen língzhī y en japonés reishi. El significado es el mismo; solo cambia la pronunciación (y, en chino simplificado, el primer carácter se escribe 灵). El otro nombre japonés, mannentake (万年茸), es el que significa literalmente «el hongo de los 10.000 años».
El Shennong bencao jing (el clásico de hierbas del emperador Shennong, escrito hacia el 200-250 d. C.) lo clasifica entre las hierbas superiores y describe seis variedades según el color: verde (hígado), roja (corazón), amarilla (bazo), blanca (pulmón), negra (riñón) y púrpura (esencia). De la roja dice que, tomada durante mucho tiempo, «hace el cuerpo ligero, evita la senilidad y alarga la vida hasta hacerte inmortal».
El Bencao gangmu de Li Shizhen (1596) va más allá y llama a las seis variedades xiancao, «hierbas de la inmortalidad».
Ahora, la parte que me contaron y que he querido comprobar. Es cierto que los emperadores se obsesionaron con el hongo. Según el Libro de los Han, el emperador Wu concedió una amnistía general en el 109 a. C. cuando apareció un ling zhi de nueve tallos en el palacio de Ganquan; siglos después, la corte Tang lo exhibió en ceremonias. También es cierto que Qin Shi Huang, el primer emperador, envió expediciones a buscar el elixir de la inmortalidad —la más conocida, la de Xu Fu en el 219 a. C., con cientos de jóvenes que no volvieron.
Lo que no he encontrado en ningún sitio es que hubiera más ejército buscando reishi que patrullando la Gran Muralla, ni que un campesino que se lo comiera en lugar de entregarlo al emperador pudiera ser condenado a muerte. Son afirmaciones que suenan bien y que circulan, pero no las he podido confirmar en ninguna fuente histórica. Las dejo como leyenda, no como hecho.
Los «10.000 años» también son una imagen: vienen del nombre japonés y de la idea de inmortalidad, no de una promesa literal. La farmacopea china actual, mucho más aburrida, dice que el ling zhi «tonifica el qi, calma el espíritu y alivia la tos y el asma».
Estrés: la respuesta del organismo y el eje HPA
El organismo dispone de diferentes mecanismos para responder a las situaciones que percibe como amenazantes. Uno de ellos es el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, conocido como eje HPA.
Este sistema participa en la regulación de la respuesta al estrés y en la liberación de cortisol. Cuando se activa, prepara al organismo para afrontar una situación que requiere una respuesta.
Puesto en simple: el hipotálamo (el vigilante) detecta una amenaza y avisa a la hipófisis (el altavoz que avisa a quien sea); la hipófisis envía una señal a las glándulas suprarrenales, que están encima de los riñones; y estas liberan cortisol. El cortisol sube el azúcar en sangre, acelera el pulso y pone el cuerpo en modo de alerta. Cuando la amenaza pasa, el cortisol debería bajar y el sistema volver a la calma. El problema es cuando la alarma se queda encendida.
El problema no es que este mecanismo exista: lo necesitamos. La dificultad puede aparecer cuando la respuesta al estrés se mantiene durante demasiado tiempo o cuando vivimos determinadas situaciones como una amenaza constante.
En este contexto, el reishi resulta interesante. Algunos estudios realizados en animales han observado que determinados componentes de Ganoderma lucidum pueden modificar la respuesta al estrés y reducir niveles de corticosterona, una hormona equivalente al cortisol en muchos modelos animales.
Por ejemplo, Yao y colaboradores publicaron en 2021 un estudio en ratones sometidos a estrés crónico en el que investigaron los efectos de un polisacárido-péptido procedente de las esporas del reishi. Observaron cambios en marcadores relacionados con el estrés y con procesos neurobiológicos asociados al estado de ánimo.
Estos resultados aportan una línea de investigación, pero hay que ponerlos en su contexto: un resultado observado en animales no demuestra que el mismo efecto se produzca en personas. Tampoco sabemos si lo que describo como «distancia emocional» se debe específicamente a una regulación del eje HPA, ni si el reishi evita que una situación sea percibida como urgente.
La distancia emocional es, por ahora, una manera de describir una experiencia. No es una variable clínica demostrada en estudios sobre reishi.
Aun así, me parece una observación interesante: no se trataría de dejar de sentir, sino de que aquello que sentimos no nos arrastre de la misma manera.
Dormir no es lo mismo que descansar
Otra de las razones por las que utilizo el reishi es su posible relación con el sueño.
No lo entiendo como un somnífero. La idea no es que una persona se duerma porque queda adormecida, sino explorar si puede favorecer condiciones relacionadas con un descanso mejor.
La investigación sobre Ganoderma lucidum ha estudiado mecanismos vinculados al sueño, entre ellos la serotonina y la interacción entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso.
En un estudio publicado en Scientific Reports en 2021, Yao y colaboradores observaron efectos favorables sobre el sueño en ratones y exploraron la posible participación de la serotonina y de la microbiota intestinal.
También se han comunicado resultados preliminares de un ensayo clínico en personas con insomnio crónico presentado en un congreso de sueño en 2026. Según el resumen difundido, se comparó un extracto de reishi con melatonina durante ocho semanas y se observó una mejora en la gravedad del insomnio. Sin embargo, un resumen de congreso no equivale a una publicación completa revisada por pares, y una escala de síntomas no demuestra por sí sola cambios objetivos en las fases del sueño.
Por eso, a día de hoy, conviene distinguir entre tres ideas:
- Hay investigación preclínica que apunta a una posible relación del reishi con el sueño.
- Existen resultados humanos preliminares que merecen ser examinados con más detalle.
- No está demostrado de manera sólida que el reishi aumente el sueño profundo o que haga que el sueño sea objetivamente más reparador.
Una experiencia que me hizo prestar todavía más atención
En mi práctica clínica he acompañado a una persona que llevaba muchos años con dificultades importantes para descansar.
Había pasado por diferentes estudios del sueño y, según los registros que me compartía, no conseguía alcanzar de manera apreciable la fase de sueño profundo. Dormía unas cinco o seis horas, pero se levantaba con una sensación de cansancio que parecía no desaparecer nunca.
Comenzamos un trabajo que combinaba shiatsu y reishi.
A las tres semanas, según los registros de su monitorización del sueño, empezaron a aparecer los primeros minutos de sueño profundo que hasta entonces no había conseguido registrar. Con el tiempo, esos periodos fueron aumentando, hasta acercarse, según la última información que recibí, a una hora diaria.
Para mí fue un avance muy significativo.
Y, al mismo tiempo, es importante explicar sus límites: se trata de una observación individual, y al haber combinado shiatsu y reishi no puedo atribuir el resultado exclusivamente al hongo. Tampoco puedo extrapolarlo a otras personas. El tipo de dispositivo o estudio utilizado para registrar el sueño también importa a la hora de interpretar esos datos.
No lo presento como una demostración científica. Lo comparto como una experiencia de consulta que me invita a seguir observando y a prestar atención a la relación entre descanso, estrés y acompañamiento terapéutico.
Porque dormir unas horas no siempre significa sentir que hemos descansado.
El sistema inmunitario: más allá de «subir las defensas»
Cuando hablamos de reishi, es habitual escuchar que fortalece el sistema inmunitario. A mí me parece que esta explicación se queda corta.
El sistema inmunitario no funciona simplemente como un interruptor que ponemos en posición de encendido o apagado. Es un sistema complejo, con diferentes células y señales, que necesita coordinar respuestas según el contexto.
Por eso, uno de los conceptos que se estudia en relación con Ganoderma lucidum es la inmunomodulación.
Algunos de sus componentes —entre ellos ciertos polisacáridos y triterpenos— se han investigado por su capacidad para influir en la actividad de células inmunitarias y en la producción de citocinas, moléculas que participan en la comunicación del sistema inmunitario.
Un estudio publicado en BMC Immunology en 2011 examinó un polisacárido derivado del reishi en células dendríticas de niños con asma alérgica. Los investigadores observaron cambios en la respuesta inmunitaria en condiciones de laboratorio.
Este tipo de resultados es interesante porque ayuda a estudiar cómo determinados compuestos podrían modular una respuesta inmunitaria. Pero no demuestra que tomar reishi trate el asma, controle una alergia o funcione como un antihistamínico.
Cuando digo que podría aportar una especie de «inteligencia» al sistema inmunitario, lo utilizo como una metáfora para explicar la idea de regulación. No es una función demostrada en todas las personas, ni una afirmación de eficacia clínica.
En resumen: hay mecanismos prometedores en investigación, pero todavía faltan ensayos clínicos sólidos que permitan establecer para qué situaciones, qué preparados y qué personas podrían beneficiarse.
Colesterol, corazón e hígado: una evidencia todavía desigual
Durante mucho tiempo se han atribuido al reishi propiedades cardioprotectoras y hepatoprotectoras. En estudios experimentales se han observado resultados que apuntan en esa dirección, y algunos ensayos clínicos con preparados concretos han comunicado efectos favorables.
Sin embargo, cuando analizamos el conjunto de la investigación en seres humanos, la situación es bastante menos clara.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 reunió 17 ensayos clínicos con 971 participantes. En conjunto, no encontró efectos significativos claros sobre el perfil lipídico, la presión arterial ni las enzimas hepáticas. La certeza de la evidencia se consideró limitada.
Esto no significa que sea imposible que determinados extractos produzcan algún efecto. Significa que, por ahora, no tenemos evidencia suficientemente consistente para afirmar de manera general que el reishi reduzca el colesterol, proteja el corazón o mejore la función hepática.
También es importante recordar que «reishi» no describe un único producto uniforme. Los estudios pueden utilizar polvo del hongo, extractos del cuerpo fructífero, micelio, esporas o aceite de esporas, con composiciones y concentraciones diferentes. Los resultados de un preparado no se pueden trasladar automáticamente a otro.
Creo que reconocer esta incertidumbre no resta valor al artículo. Al contrario: nos permite hablar del tema con honestidad.
Lo que veo en la consulta
En la consulta tengo cinco personas que llevan casi un año tomando reishi cada día. Tres de ellas tenían el colesterol entre 230 y 240 y, sin cambiar nada de la alimentación ni de los hábitos (ni ejercicio, ni tabaco, ni nada), han acabado con valores alrededor de 120.
Lo explico por lo que es: una observación de consulta, con cinco personas, sin grupo de comparación y sin análisis controlados por mí. No demuestra nada. Pero es algo que he visto suficientes veces como para seguir mirándolo con atención, y por eso lo comparto.
¿Por qué sigo utilizando reishi?
Porque, en mi experiencia, puede ser una herramienta interesante para algunas personas dentro de un acompañamiento más amplio, especialmente cuando el estrés, la dificultad para desconectar y los problemas de descanso están muy presentes.
No lo considero una solución universal. Tampoco lo entiendo como un sustituto de un tratamiento médico cuando este es necesario.
Lo que me interesa del reishi es la posibilidad de que algunos de sus componentes intervengan en procesos relacionados con la respuesta al estrés, el descanso y la regulación inmunitaria. La investigación está explorando estos mecanismos, aunque todavía no puede explicar por completo aquello que observo en la práctica.
Y es precisamente ahí donde creo que debemos situarnos: entre la experiencia, la observación y la evidencia científica.
Sin dar por demostrado lo que todavía no lo está, pero sin dejar de investigar aquello que puede resultar interesante.
Acompañar a una persona también significa mantener la curiosidad, observar con atención y estar dispuesto a revisar lo que creemos saber.
Precauciones
El reishi es un complemento alimenticio, no un sustituto de la atención médica ni de un tratamiento prescrito. Su seguridad depende, entre otros factores, del preparado, la dosis, la duración del uso y la situación de cada persona.
Conviene consultar con un profesional sanitario antes de utilizarlo, especialmente si se toman anticoagulantes o antiagregantes, si se está siguiendo un tratamiento inmunosupresor, si existe una enfermedad hepática, durante el embarazo o la lactancia, o antes de una intervención quirúrgica. Se han descrito posibles interacciones y casos poco frecuentes de lesión hepática asociados a productos de reishi.
El reishi tiene un efecto inhibitorio de la agregación plaquetaria. Se ha documentado en un estudio clínico de los años noventa: en personas que tomaron 1 g tres veces al día durante dos semanas, la agregación plaquetaria bajó entre un 17 y un 31 %. Eso significa que, si tomas Adiro, Sintrom, heparina o cualquier otro antiagregante o anticoagulante, los efectos se pueden sumar. No es una razón para no usarlo, pero sí para decírselo al médico y revisar la dosis con el tiempo.
La calidad y composición de los complementos también pueden variar. Es importante no asumir que todos los productos son equivalentes.
Referencias científicas y lecturas
- Yao et al. (2021). Ganoderma lucidum promotes sleep through a gut microbiota-dependent and serotonin-involved pathway in mice. Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-021-92913-6. Investigación preclínica sobre sueño en ratones.
- Jan et al. (2011). Immuno-modulatory activity of Ganoderma lucidum-derived polysaccharide on human monocytoid dendritic cells pulsed with Der p 1 allergen. BMC Immunology, 12:31. DOI: 10.1186/1471-2172-12-31. Estudio de laboratorio sobre células inmunitarias y un alérgeno.
- Yao et al. (2021). Estudio sobre el efecto tipo antidepresivo de un polisacárido-péptido de esporas de Ganoderma lucidum en un modelo animal de estrés. Consultar en PubMed. Evidencia preclínica; no demuestra un efecto equivalente en seres humanos.
- Revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos sobre Ganoderma lucidum (2025). Food Science & Nutrition. DOI: 10.1002/fsn3.70423. Resultados sobre parámetros metabólicos, cardiovasculares y hepáticos; deben interpretarse considerando las limitaciones de los ensayos incluidos.
- Ensayo sobre reishi e insomnio presentado en SLEEP 2026. Resultado preliminar de congreso, pendiente de publicación completa y revisión detallada. Antes de citar cifras o conclusiones específicas en una versión definitiva, es necesario comprobar el resumen original y sus datos.
- Wachtel-Galor S, Yuen J, Buswell JA, Benzie IFF. Ganoderma lucidum (Lingzhi or Reishi): a medicinal mushroom. In: Herbal Medicine: Biomolecular and Clinical Aspects. 2nd ed. CRC Press; 2011. NCBI Bookshelf
- Lin Z. Ganoderma (Lingzhi) in traditional Chinese medicine and Chinese culture. Adv Exp Med Biol. 2019;1181:1-13. DOI
- Tao J, Feng KY. Experimental and clinical studies on inhibitory effect of Ganoderma lucidum on platelet aggregation. J Tongji Med Univ. 1990;10(4):240-243. PMID 2098581
- Argento A, Tiraferri E, Marzaloni M. [Oral anticoagulants and medicinal plants. An emerging interaction]. Ann Ital Med Int. 2000;15(2):139-143. PMID 10920504
Este artículo es divulgativo y refleja tanto la investigación disponible como observaciones personales de la práctica. No constituye una recomendación médica individual ni una afirmación de eficacia terapéutica.

