Ha vuelto Sri Mata Amritanandamayi Devi, más conocida por Amma que en lengua tamil significa “Madre”. Volvió a España después de 6 años de ausencia, la vez anterior, era el 19 de noviembre de 2019 cuando Amma salía del Pabellón de los deportes de Granollers, y todos los voluntarios nos despedíamos hasta el próximo año, tres días de servicio donde el último día es el mas largo, entramos el 18 de noviembre al pabellón, acabábamos la última de las terapias cerca de las 5 de la mañana del 19 de noviembre y marchábamos, cansados, agotados, pero con una sensación de paz, alegría y felicidad, que sólo después de un servicio a un fin superior, puede dar.
Ninguno de los presentes anticipábamos que se avecinaba una pandemia que cambiaría el funcionar del mundo... y llegó, con el 2020 y con él la pandemia y Amma, dejó de hacer giras...
Tras 6 años de espera, el agosto llegó la noticia en el grupo de whatsapp de terapeutas de Amma, volvía en octubre. La emoción volvió, la ilusión de compartir un rato con la madre, volver a formar parte una vez mas del movimiento que sólo una maestra como ella es capaz de generar y volvimos a Granollers.
El 21 de octubre llegó al pabellón, aunque muchos voluntarios ya trabajaban desde hace días para tenerlo todo preparado. Emoción y nudo en la garganta al oír la trompeta que anuncia su entrada en el altar, verla de nuevo, desde el espacio que tenemos el grupo de terapeutas, emoción a flor de piel...

Empezaré por el principio
Yo tuve la gran suerte de poder empezar como terapeuta voluntario cuando estaba iniciándome en Shaitsu en el año 2006, apenas llevaba tres meses aprendiendo este maravilloso masaje japonés y ya tuve la oportunidad de asistir al Pabellón de deportes de la Marbella en Barcelona, y desde entonces, he asistido a todas sus giras (a excepción de dos años que no pude venir).
Para mí, volver a su encuentro tras 6 años de parón, al igual que comentamos con muchos compañeros, fue una ilusión enorme, y llegó el día, por fin el martes 21 coincidimos muchos. Yo entrando con dos camillas y un montón de mantas y una sonrisa en la cara difícil de borrar, descargando en el espacio habilitado para nosotros, reencuentro emotivo con viejos conocidos, abrazos, besos, tomar concienca de un cariño muy bonito que guardas con esos otros voluntarios. Algunos no pudieron venir y se les echó en falta. Otros que ya no están entre nosotros, pero nos acompañaron en el corazón, y en medio de esta marea de emociones y reencuentro un mensaje que no ha parado de rondar una y otra vez por mi cabeza... “este es el camino”.
En esta gira no he podido estar todo el tiempo que me hubiese gustado, como hice en la gira del 2019 en la que asistí todos los días, aunque también lo he disfrutado porque, como siempre que viene Amma, deja en cada uno de nosotros diferentes enseñanzas, y, como era de esperar, esta vez, también cumplió: me ayudó a recordar mi camino, el camino que me permite acompañar a personas, el camino del servicio, de la ayuda, en un mundo donde cada vez se valora más los objetos que las personas, este es un dulce y silencioso reclamo, lo importante es la gente, porque el resto se puede sustituir.
Entre muchos de lo voluntarios que no pudieron volver me viene casi de manera constante a Mercé, compañera de vida de Martí, voluntaria desde hace muuuchos años y con las que hemos compartido risas, llanto, frustraciones y cansancio y que nos dejó hace un año… aunque en el corazón de muchos ella, este año, de alguna manera, ha estado muy presente.
Voluntarios venidos de todas partes del mundo que, de manera mágica, volvemos a cruzar nuestros caminos, personas a las que he atendido con masaje en años anteriores y que este año, han vuelto y me han buscado, me recuerda que, de alguna forma, cualquier interacción nuestra deja una pequeña impronta en el corazón y la memoria del otro.
Tantas caras, tantos recuerdos, tantísimas emociones, el reencuentro con gente y la fusión en un cálido abrazo, que hasta que no te lo das, no recuerdas lo confortable que es y lo mucho que lo extrañabas, horas de trabajo al servicio de los demás, los dedos doloridos de tantos masaje, con el cansancio acumulado tras muchas horas de servicio y con una alegría serena, desbordante, con la sensación de estar haciendo algo que te llena, que te apasiona y que te reconforta. Este año, Amma me enseño... o mejor dicho, me recordó, varias cosas:
Lo que importa es la gente y cómo les haces sentir, no aquello que haces o lo que puedes comprar, a veces un simple abrazo, un par de palabras de apoyo, un te chai compartido mientras hablas de los avatares de la vida, fundirse en un abrazo, un masaje... todo esto, deja huella, una muy profunda que no eres consciente hasta que pasa este tiempo... este lapso ha puesto en evidencia lo importante que es este primer punto... es importante cómo haces sentir porque por eso será que te recordarán y cómo te recodarán.
Me ha ayudado a clarificar mis objetivos. El día a día, las prisas, los “objetivos deseables” acaban llevando al agobiado y seducido por otras cosas que, en apariencia es más reconocido y valorado por la sociedad, hacen que poco a poco perdamos nuestra vida persiguiendo un sinsentido, algo que creemos que hemos de conseguir, aunque en realidad se hace por encajar, por ser admitidos por un entorno que acaba dejando al individuo en segundo plano para priorizar el objetivo, la meta… ¿a que precio?. Esto me lleva a una reflexión que dijo el Dalai Lama “Un hombre sacrifica su salud para ganar dinero. Luego sacrifica su dinero para recuperar su salud” curiosa ironía que en esta gira se hizo presente. ¿Realmente es necesario seguir esforzándome para que una empresa siga adelante? y si consigo que funcionase ¿que cambios habría en mi vida? ¿cómo me sentiría? y lo más importante ¿a que precio?... me ayudó a replantearme de nuevo esas preguntas... o mejor dicho, esas preguntas hace tiempo que están ahí, sólo que no les hacía caso y por supuesto no trataba de contestarlas... este año, la gira de Amma me ayudó a ponerlas en primer lugar... y al tratar de responderlas, muchas cosas cambian.
Me recordó que mi técnica de masaje, es mucho más válida de lo que yo mismo me fui diciendo estos casi 6 años de parón terapéutico, el cierre del centro de terapias durante la pandemia hizo que me alejase de este camino, y en cambio el camino ha esperado paciente a que volviese, y ha sido precisamente en esta gira, donde me he dado cuenta que esa, tal vez deba ser mi prioridad.
Siempre digo que no existen las casualidades sino las “causalidades”, todo, suele ocurrir por algo, me viene a la memoria el discurso de Steve Jobs “connecting de dots” en el que dijo lo siguiente:
«No puedes unir los puntos mirando hacia adelante, sólo puedes conectarlos mirando hacia atrás, así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán en el futuro, tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma o lo que sea, porque conectando que los puntos se conectarán más adelante, te dará la confianza para seguir tu corazón, incluso cuando te alejes del camino más transitado»
Aquí la palabra mágica es “confiar”, es “tener fe”, tener la profunda convicción que todos hemos venido aquí para hacer algo, y que en esta sociedad apresurada, estresada, donde sólo importan los logros, cada vez más individualista, ese susurro interior, esa voz que te hace confiar, tener fe, queda muchas veces tapada por el ensordecedor ruido del entorno... y precisamente esta gira, me aportó ese silencio, que me ha conectado a través del servicio desinteresado al otro, hizo que mi ego ego quede en segundo plano, cuando entiendes que eres un voluntario, que has decidido ceder lo más valioso que tengo, mi tiempo, para servir a una causa mayor y que no soy más que un granito de arena que compone la duna. Se trata de hacer girar la rueda, empujando en el lugar y zona donde puedo hacerlo, sin esperar nada a cambio, sólo porque, sin ser consciente, alguien a quien ni siquiera conozco, empujó también esa rueda y me ayudó a avanzar en esos momentos, como los que ahora estoy pasando.
No se cuánto tiempo más podrá seguir viniendo Amma en su gira, la vez anterior que vino, en el 2019, la vi que se movía con soltura, en cambio, esta gira del 2025, ya con 72 años, se nota que los años pasan para todos. Empiezo a ser consciente que tengo la gran suerte de estar en presencia de alguien que tiene un espíritu y energía divina todo y que su cuerpo y su materia es de una persona de 72 años, y que como nos ocurrirá a todos, no somos ajenos al paso del tiempo. Me emociona ver la voluntad, determinación y alegría que sigue llevando, tras estar más de 10 horas seguidas a diario sentada en la misma posición repartiendo abrazos, cariño y amor que no parece tener fin.
He podido ser testigo de cómo incluso las personas más fuerte, se rompen tras recibir el darshan, el abrazo de la madre, y yo lo he sentido en mi propia carne. Siempre que he recibido esa bendición algo dentro de mí cambia, a veces he roto a llorar, otras he salido con una sonrisa nerviosa que me ha durado horas, y otras, como este año, me dejó con una capacidad de ver hacia dónde debo dirigir mis siguientes pasos, y no voy a negar, que siempre, te muestra algo que te niegas a ver.
Esa energía, esa inmensa ola de amor incondicional que emana de Amma al recibir el darshan, que lo canaliza a través de un cuerpo humano que como materia que es, tiene sus limitaciones... ¿hasta cuándo podremos disfrutar de su presencia? no lo sé, ojalá que muchos años aunque no lo puedo saber. Si que puedo decir que, a diferencia de años anteriores, este año la energía presente en el pabellón era algo diferente, ni peor ni mejor, tan solo diferente. Lo comentamos con varios compañeros terapeutas que compartimos estos días con ella y todos, de una manera u otra, teníamos esa sensación de que nos está preparando para algo… ¿para qué?, no lo se porque cuando trato de averiguarlo me doy cuenta que estoy tratando de conectar los puntos mirando hacia adelante, así que de momento me quedo con esta preciosa gira tan esperada y me centraré en disfrutar lo que esta gira me ha traído. Saborearé el recuerdo del tiempo que he podido estar realizando terapias con ella al frente, esos cantos que aún resuenan en mi memoria mientras hacía terapias, del momento y la energía del lugar...
Va siendo hora de volver a retomar mi vertiente terapéutica, que si bien nunca se paró al completo, si que, digamos, bajó mucho de revoluciones, dando prioridad a otras faces profesionales mías, y esta gira me ha recordado lo que hace muchos años se mi lado terapéutico, que grita por volver.
Me gustaría dejar una última reflexión, en este caso de un gran científico: Albert Einstein:
«Sólo una vida vivida por los demás merece la pena ser vivida»
Esta frase de, tal vez, del más célebre científico de todos los tiempos, nos invita a entender que dedicarse únicamente a los propios intereses (buscar el poder, el éxito, la riqueza o la comodidad) deja la vida vacía de auténtico significado. Lo que da profundidad y trascendencia a la existencia es contribuir al bienestar de los otros.

