Retrato de David Herrero sonriendo al aire libre

Mi historia

No te voy a tratar por partes. Ni a ti, ni a tu dolor.

Llevo más de veinte años con las manos puestas en cuerpos, y otros tantos mirando cielos y sistemas. Si has llegado hasta aquí buscando a alguien que te escuche entero —no solo la zona que te duele— sigue leyendo. Puede que lo que necesitabas fuera esto.

Mi método

El cuerpo no funciona por partes aisladas.

Una tensión en una zona puede influir en otras estructuras y cambiar la forma en la que el cuerpo se mueve, se adapta y busca su propio equilibrio. Por eso no trabajo únicamente donde notas la molestia. Observo el cuerpo en conjunto, buscando entender qué está provocando esa compensación y cómo se puede acompañar a recuperar el equilibrio.

Somos seres holísticos. Lo emocional, lo espiritual y lo físico están interrelacionados — no se pueden separar, porque la solución al desafío puede estar precisamente en la parte que se obvia. Muchas veces, para entender una zona, hay que mirar mucho más allá de ella.

Pizarra con esquemas y anotaciones de una formación

Por qué no hago solo una cosa

Porque tú tampoco eres solo una cosa.

Si vienes a verme, no vas a recibir "una sesión de Shiatsu" y punto, ni "una lectura de carta" y ya está. Vas a recibir todo lo que soy, puesto al servicio de lo que a ti te esté pasando. Y eso, con los años, se ha convertido en un cóctel bastante particular. Te cuento cómo encajan las piezas.

La astrología me dice dónde mirar. Siempre digo que soy un poco como el hombre del tiempo. Los astros no disponen: proponen. Una carta natal o un tránsito no te dicen lo que va a pasar, ni deciden por ti — te muestran que, en un área concreta de tu vida, se avecina lluvia. Y ahí está lo importante: saber que va a llover no te lo arregla, pero sí te da una visión que quizá no tenías. De ti depende si sales con paraguas, en bañador o con chubasquero. Yo no te digo qué hacer con esa lluvia. Pero saber qué tiempo hace, ayuda. Y mucho.

La Medicina China mueve; el Shiatsu aterriza. Cuando algo está bloqueado —una energía que no circula, una tensión que se ha instalado— la Medicina Tradicional China, con sus fórmulas, sus agujas, sus ventosas y su moxa, ayuda a moverlo. Y el Shiatsu hace lo contrario y lo complementario a la vez: te trae de vuelta al cuerpo, al aquí y ahora, te hace aterrizar cuando la cabeza lleva días —o años— por delante de ti.

El coaching y la PNL me enseñaron a preguntar, no a recetar. No voy a darte una verdad cerrada sobre lo que te pasa. Voy a hacerte las preguntas que te ayuden a encontrar tu propia respuesta — esa es la parte que aprendí en Coach Live y en Programación Neurolingüística, y es el hilo que conecta todo lo demás. La reflexión, bien acompañada, mueve tanto como una aguja.

Y luego está lo que no te esperarías: la informática. Antes de tener las manos en un cuerpo, las tenía en código. Años como analista de sistemas y programador me dieron una capacidad de abstracción que aplico exactamente igual al acompañarte: ver el patrón detrás del síntoma, la estructura detrás del caos, la lógica detrás de algo que a primera vista parece que no tiene ningún sentido. La informática aplicada al acompañamiento, literalmente.

Y al cóctel, últimamente, le he sumado Técnica Estructural — porque el camino no se cierra nunca, y cuantas más herramientas finas tenga para escucharte, mejor te puedo acompañar.

No es una lista de servicios. Es una sola mirada, aplicada desde varios ángulos a la vez.

¿A qué esperas para probarlo?

Una primera sesión no te compromete a nada. Solo a mirar un poco más de cerca lo que te trae hasta aquí.

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Cómo he llegado hasta aquí

Por si te interesa el camino, no solo el destino.

Los inicios

El verano de los tres libros

Acabé el EGB y empecé Auxiliar Administrativo con doce años — la decisión no fue mía, fue de mi madre. Dos años después, un verano en el que me aburría bastante, descubrí la informática entre un programa de TV3 y los libros de la biblioteca: uno de BASIC, otro de Pascal y otro de ensamblador. A los quince ya programaba en BASIC y Pascal en una tienda de informática, y además daba clases de Pascal allí. Sí, yo era el profesor. Una vez fui a instalar un programa de control de stocks que había programado y el cliente preguntó si el técnico todavía estaba aparcando el coche. Cuando descubrió que el técnico era el chaval que tenía delante, su cara fue exactamente la que estás imaginando. Después llegó FP II de Informática de gestión. Sin saberlo, ya estaba entrenando la cabeza que hoy uso contigo.

Ordenador de los 80 con pantalla de fósforo verde, como los de sus inicios
Años de oficio

Cuarenta lenguajes, y una vocecilla incómoda

A los 17 años, recién cumplidos, murió mi madre. Yo ya programaba y estaba profundizando en ensamblador, justo por eso: por querer entender la máquina desde dentro, hasta el nivel más profundo. En ese momento la informática fue también un refugio donde esconder un dolor que aún no sabía cómo encajar. Trabajar y no mirar de frente lo que dolía.

De ahí salió una época en la que se me daba bien entender cómo estaban construidos sistemas de protección ajenos, solo por el reto de encontrar el punto débil. No por dinero: por entender cómo funcionaban por dentro. Visto hoy, ahí ya asomaban rasgos que me acompañan: mirar por dentro en vez de quedarme en la superficie, disfrutar encontrando el patrón, entregarme a fondo cuando algo me pica la curiosidad… y refugiarme en lo mental cuando lo emocional desbordaba. Lo cuento como un posible hilo, no como la explicación de nada posterior.

Después programé de todo: gestión de almacén, centrales de alarma, una editorial jurídica, juegos. Pasé por más de cuarenta lenguajes y tecnologías, hasta meterme en Ingeniería de Sistemas en la UOC. Se me daba bien y me gustaba. Pero había una pregunta que no se callaba: esto está bien, ¿y si pudiera hacer algo más humano con lo que sé?

Qué me enseñó: a desmontar sistemas mentalmente y buscar estructuras. Qué cambió: empecé a mirar todo —luego también cuerpos, cartas y código— preguntándome qué hay debajo de lo que se ve.

2000

La grieta por donde entró todo lo demás

Siempre me habían tirado dos cosas: bucear y hacer masajes. Justo después de divorciarme, y recién aprendido a bucear, un amigo me animó a un curso de reflexología podal. En el examen final la profesora me soltó, sin venir a cuento: "tienes una energía muy bonita, ¿has pensado en hacer reiki?" No tenía ni idea de qué me hablaba. Hice reiki I y II. Y ahí, sin buscarlo, se abrió una puerta que ya no he vuelto a cerrar.

El buceo empezó en 2000 como afición y acabó mostrando mi patrón: antes de ponerme el primer neopreno ya sabía que acabaría siendo instructor. Fui profundizando hasta el buceo técnico, donde la profundidad obliga a preparar cada detalle, conocer el equipo, entender los procedimientos y respetar los límites.

Qué me enseñó: cuando algo me interesa de verdad, no me conformo con saber hacerlo. Necesito entender cómo funciona, practicarlo, conocer sus límites y hacerlo seguro. Eso mismo hago hoy antes de intervenir en un cuerpo.

2006

Dejé la informática. Ella no me dejó a mí.

Me lancé de cabeza al Shiatsu y la Medicina Tradicional China. Tuve la suerte de compartir congresos con Takashi y Matsuko Namikoshi, con Arturo Valenzuela, con Emilio Estivill. Shiatsu emocional, Akebane, Ito-Thermie, ventosas, Sotai-Ho, reflexología podal japonesa — fui empapándome de todo lo que encontraba, y empecé a atender en mi propia consulta.

Mano sobre la espalda durante una sesión corporal
Los años siguientes

Cuando algo me engancha, no lo hago a medias

Carrera completa de MTC: acupuntura, dietética energética, fitoterapia, tuina. Luego acupuntura deportiva, ginecológica, neuroacupuntura, electroacupuntura, pulsología china. Y para variar un poco, cocina energética y Flores de Bach. Sí, soy así de intenso cuando algo me apasiona.

Docencia

Enseñar lo que había aprendido a base de golpes

Empecé a dar clases de Shiatsu, Termotécnica y MTC, y a ser ponente en congresos, codo con codo con quienes habían sido mis maestros. Cuando la escuela donde estudiaba y enseñaba cerró, monté con unos colegas nuestra propia escuela en Barcelona. Fue una época de una energía brutal — de esas que no sabes si te está construyendo o consumiendo.

Qué me enseñó: a ordenar lo aprendido para poder transmitirlo. Practicar, observar, ordenar, transmitir.

2018

El cuerpo también guarda lo que no se dice

Vi el mismo patrón una y otra vez: por mucho que trabajara el cuerpo, la gente volvía con el mismo bloqueo. Una crisis personal —de las que te remueven hasta el carnet de identidad— me llevó al coaching, y de ahí a la PNL (Practitioner, luego Máster), Body Language, hipnosis ericksoniana y clínica, biodescodificación. Empecé a ver el espejo emocional de todo lo físico que ya conocía.

2020

Un cierre, un cielo nuevo, y un riesgo que no salió bien

La pandemia cerró el centro de Barcelona. Me instalé en Mataró. Ese mismo año, casi sin buscarlo, empecé a mirar la astrología — primero la predictiva, que no me convenció ni un poco: no creo en destinos que ya están escritos. Encontré mi sitio en la Astrología Psicológica y Humanista de Aula Astrològica. Y, porque aparentemente no tenía suficiente lío encima, monté con dos socios una empresa de desarrollo web. Spoiler: no salió bien.

2023

Programa de radio "Homes": aprender escuchando a otros

Empecé a dirigir Homes, un programa de radio en Ràdio Arenys de Mar sobre la nueva masculinidad. Ahí confirmé algo que ya sospechaba de mí mismo: cargamos con una autoexigencia que, tarde o temprano, pasa factura. Cada lunes era un aprendizaje sobre cómo funcionamos, disfrazado de programa de radio.

David delante del cartel de Ràdio Arenys 91.2 FM
2025

Mi cuerpo dijo basta, y por fin le hice caso

La empresa de desarrollo web volvió a hacer aguas. En medio de esa crisis, un ataque de pánico y meses de ansiedad me pusieron delante de algo que llevaba años esquivando: yo mismo ignorando las señales de mi propio cuerpo. Irónico, para alguien que lleva veinte años enseñando a escucharlo. No fue el final de nada. Fue el principio de un trabajo interior que todavía sigo haciendo.

Formación reciente

Técnica Estructural — Módulo 1 y Módulo 2

Parte de ese trabajo interior fue volver a formarme, esta vez en Técnica Estructural. Un método que trabaja desde la escucha del cuerpo y la liberación de bloqueos físicos y emocionales, sin manipulación. Otra pieza del mismo camino de siempre: el de convertirme, algún día, en un terapeuta completo — no en alguien con muchas técnicas sueltas en la mochila.

Hoy

Aquí estoy, con las manos y la cabeza puestas en ti

He vuelto a la docencia y a atender personas más que a programar. Cuando te acompaño, no aplico solo Shiatsu o Medicina China: integro PNL, coaching y astrología humanista para entender por qué tu cuerpo ha decidido pararte precisamente ahora. Mi camino sigue siendo el mismo desde 2006, con más curvas de las que imaginaba: convertirme en terapeuta, del todo. Y sí, de vez en cuando todavía se me da por picar código. Con un incienso al lado, eso sí.

David hoy, sonriendo al sol con gafas de sol

Fuera de consulta

El cuerpo también sabe celebrar.

Corría el año 2017 cuando aprendí a bailar Lindy Hop (swing para los amigos). Lo que empezó como una afición terminó ocupando un lugar especial en mi vida: una válvula de escape, una manera de volver al cuerpo sin tener que arreglar nada, de estar presente, de jugar, de compartir y, sencillamente, de pasarlo bien.

Desde 2025 tengo la suerte de enseñarlo en SwingMaresme, en Mataró, junto a mi pareja. Siempre digo que el baile aporta vida a mis años. Después de tantos años intentando entender el cuerpo y acompañar procesos, también he aprendido que el cuerpo no está aquí solo para avisar de que algo no funciona. También está para disfrutar, moverse, encontrarse con otros y celebrar que estamos vivos.

Y cuando necesito dejar de pensar, todavía tengo otra forma bastante eficaz: subirme a mi Harley y perderme un rato. Llevo disfrutando de la moto desde hace años, y mi Harley tiene una pequeña historia que me retrata bien: la tuve cuatro meses antes de poder acabar de sacarme el carnet de moto grande. Cuando algo me importa, a veces primero doy el salto y después termino de preparar el aterrizaje.

El patrón se repite —me apasiona algo, profundizo, practico, entiendo, busco sus límites y termino compartiéndolo— en informática, terapias, astrología, buceo, baile y sistemas. Pero no todo tiene que convertirse en trabajo. El baile y la moto me recuerdan que también sé aprender y vivir sin monetizarlo todo.

David buceando en mar abierto

Lo que no negocio

Tres cosas que guían todo lo anterior.

  • Respeto tus tiemposEl bienestar duradero no se fuerza. Respeto el ritmo de cada persona, no el mío.
  • Tú construyes tu equilibrio, yo te acompañoNo vengo a arreglarte. Vengo a darte las herramientas para que sepas cuidar de ti mismo cuando yo ya no esté delante.
  • Voy a la raíz, no al síntomaLo que te duele es un mensajero. Si solo lo callamos, vuelve a llamar a la puerta — muchas veces desde otro sitio.

Si has leído hasta aquí...

Probablemente algo de esto te ha tocado. Hablemos.

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Mi otro oficio

Del código a las manos, y algo de vuelta.

Antes de dedicarme a acompañar procesos, construí sistemas y arquitecturas web para marcas como la Real Federación Española de Vela, Montibello, Eurofragance, CaixaBank, Nike, Cruz Roja o TC Group Solutions. Trabajé con las primeras versiones de ASP, con Java, PHP, JavaScript y con proyectos educativos basados en XML y XSLT para la UOC.

Esa etapa me enseñó algo que sigo aplicando: para que un sistema funcione —una plataforma o una persona— los cimientos deben ser sólidos y las piezas tienen que encajar.

Por eso me gusta pensar que no soy solo alguien que programa: también soy un arquitecto. No porque lo sepa todo, sino porque llevo décadas aprendiendo a entender el conjunto, anticipar problemas y traducir necesidades reales en sistemas que otras personas pueden utilizar. Hoy ese oficio vive en Ikigai y en Maia, mi propio software de cálculo de carta natal.